En un principio, "Valdés y Rojas", la empresa de la que son dueños Hernán y Santiago iba a ser una empresa de publicidad, pero finalmente será la redacción de un periódico que, a lo largo de la historia, irá cobrando importancia en Madrid y hasta en España. Por lo que, tanto esta como la empresa de Federico Bravo (personaje que aparecerá más adelante y que será el principal enemigo y competidor de Hernán) también será la redacción de otro periódico.
Esto dará pie a tramas interesantes, nuevos personajes como una editora y dos reporteros que conoceremos más adelante. Este cambio parece poco importante, pero, realmente, dará un giro bastante interesante a la historia aunque tendremos que esperar mucho para verlo.
domingo, 10 de noviembre de 2013
sábado, 9 de noviembre de 2013
Premio Liebster
Acabo de leer un mensaje en Facebook en el que Marissa Cazpri, la escritora del blog Mi Prometida, me concedía este premio, el cual me ha hecho muchísima ilusión y me ha animado bastante a seguir escribiendo con este blog. Mil gracias y besos.
¿Y QUÉ ES EL PREMIO LIEBSTER Y DE QUÉ SE TRATA?
Es un premio en cadena, para impulsar y promocionar los pequeños blogs que están empezando o que realmente son buenos pero la gente todavía no los ha visto. Una vez te conceden el premio, tú debes dárselo a otros blogs y responder a unas preguntas que te deja aquel que te ha concedido el premio.
REGLAS DEL PREMIO
-Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió y estar suscrito.
-Responder a las once preguntas de la persona que te concedió el premio.
-Conceder el premio a once blogs distintos que te gusten, que estén empezando o que tengan menos de 200 seguidores.
-Elaborar once preguntas para los blogs premiados.
-Informar del premio a cada uno de los premiados.
-Visitar los blogs que han sido premiados junto al tuyo.
-No mandar el premio al blog que te lo concedió, para no romper la cadena.
OTORGO EL PREMIO LIEBSTER A LOS SIGUIENTES BLOGS:
1. Recuerdos de Florencia
2. ¿Lo tienes meramente por entretenimiento o con alguna finalidad?
6. ¿Cuál es tu red social preferida?
7. ¿Has participado o participas escribiendo en otro blog?
9. ¿Podrías describir un momento idílico o tu cita ideal?
10. ¿Se sabe en tu entorno de la "vida real" que tienes este blog?
11. ¿A quién te gustaría agradecer tu premio (fans, amigos, familia o alguien especial)?
¿Y QUÉ ES EL PREMIO LIEBSTER Y DE QUÉ SE TRATA?
Es un premio en cadena, para impulsar y promocionar los pequeños blogs que están empezando o que realmente son buenos pero la gente todavía no los ha visto. Una vez te conceden el premio, tú debes dárselo a otros blogs y responder a unas preguntas que te deja aquel que te ha concedido el premio.
REGLAS DEL PREMIO
-Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió y estar suscrito.
-Responder a las once preguntas de la persona que te concedió el premio.
-Conceder el premio a once blogs distintos que te gusten, que estén empezando o que tengan menos de 200 seguidores.
-Elaborar once preguntas para los blogs premiados.
-Informar del premio a cada uno de los premiados.
-Visitar los blogs que han sido premiados junto al tuyo.
-No mandar el premio al blog que te lo concedió, para no romper la cadena.
OTORGO EL PREMIO LIEBSTER A LOS SIGUIENTES BLOGS:
1. Recuerdos de Florencia
Por el momento, no estoy siguiendo más historias porque estoy en época de exámenes, pero en un par de semanas, quiero leer un par de blogs :)
PREGUNTAS PARA LOS USUARIOS GANADORES:
1. ¿Cuál es el "éxito" de tu blog? O página web.
PREGUNTAS PARA LOS USUARIOS GANADORES:
1. ¿Cuál es el "éxito" de tu blog? O página web.
Para mi el éxito reside en que me visiten, me comenten y me lean. El éxito es lograr entretener y que a los demás les guste. Así que estoy feliz por todas esas visitas y espero que se convierta en éxito.
2. ¿Lo tienes meramente por entretenimiento o con alguna finalidad?
Por entretenimiento, pero principalmente, porque adoro escribir y tengo tantas historias en mi cabeza que tengo la necesidad de plasmarlas y compartirlas.
3. ¿Cuántas veces a la semana publicas y a qué horas?
Ahora estoy publicando los miércoles por la tarde, pero en dos o tres semanas, publicaré miércoles y domingo.
4. ¿El blog te ha generado alguna anécdota que quieras y puedas compartir?
Por el momento ninguna.
5. ¿Cuál es tu post preferido?
El capítulo 3. Es del que más contento estoy ahora mismo.
6. ¿Cuál es tu red social preferida?
Twitter.
7. ¿Has participado o participas escribiendo en otro blog?
Antes lo hacía, ya no.
8. ¿Qué te gusta hacer en tus momentos off-line?
Ver series y películas, salir con mis amigos... Lo normal.
9. ¿Podrías describir un momento idílico o tu cita ideal?
Una hamburguesa del Burger King en un coche con esa persona a la que quieres en un descampado estrellado. Salir del coche después de comer y tumbarse en el capó, cogidos de la mano, viendo las estrellas entre beso y caricia.
10. ¿Se sabe en tu entorno de la "vida real" que tienes este blog?
Algunas amigas y mi hermana.
11. ¿A quién te gustaría agradecer tu premio (fans, amigos, familia o alguien especial)?
A todos los que me han leído, a mi amiga Rachel, que está escribiendo Recuerdos de Florencia y a Marissa Cazpri por concederme este premio :)
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Adelanto exclusivo.
"Me quitaron todo lo que tenía. Él me lo quitó. Desde que soy una adolescente Hernán Valdés ha acabado con todo aquello que me importaba y, cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde. Ahora tengo una fortuna, un nuevo rostro, un nuevo nombre, una nueva identidad. Con la ayuda de mi psicólogo, mi criada y mi mejor amiga, volveré a la vida de Hernán Valdés años después convertida en Bianca Von Parker. Micaela Rojas murió en el momento en que ese maldito me arrebató lo que más quería. Que se prepare, porque no pienso descansar hasta verlo tan perdido como yo... Hernán Valdés, este es tu comienzo del fin."
( Micaela Rojas / Bianca Von Parker. Año 2013 )
Capítulo 3.
Tenía el estómago muy alborotado. Apenas había comido y lo que había comido, le había sentado fatal. Eran las cuatro de la tarde, hacía frío y Beatriz temblaba como un flan. Quedaban unas horas para marcharse a California con Hernán y Micaela, abandonar a su esposo y dejar que su hija estuviera con el hombre del que, hasta hace poco, estaba completamente enamorada, pero que resultó ser un psicópata lascivo y obsceno.
La pelirroja caminaba con la mirada perdida, sin fijarse en nada de su alrededor. Incluso chocó con un niño pequeño que iba montado en un patinete, aunque ninguno de los dos cayeron al suelo. El niño se alejó riéndose tan feliz como antes del encontronazo, y Beatriz continuó su camino, pensando en lo que sintió cuando Hernán le puso una pistola en el estómago. Nunca se habría imaginado que era así.
Llegó a un callejón amplio y largo, de unos cincuenta metros de longitud. Eso le parecía poco, se recorría cada mañana ese espacio para ir al estanco. Al fondo, allí estaba, un chico de unos treinta años, rubio, alto, robusto. Era como un Hércules moderno y completamente mortal. Beatriz se puso aún más nerviosa al verlo y siguió andando hacia él.
- ¿Beatriz Rojas? - preguntó el chico con seriedad. Ella asintió, sin decir palabra. El chico le cedió su mano y Beatriz se la estrechó.- Relájese, supongo que mi amigo le habrá dicho que soy de fiar.
- Sí, me ha contado todo sobre ti - respondió Beatriz.- Me ha dicho que eres eficaz, confiable y honesto.
- Así soy yo, me ha definido a la perfección - el chico sonrió.- Me llamo Enrique. Bueno, ese es mi nombre a la hora de hacer estos negocios.
- Necesito que lo hagas esta misma tarde, en cuanto terminemos esta conversación. Es muy urgente que este asunto quede cerrado lo antes posible - declaró Beatriz metiendo la mano en su bolso.- Te pagaré la mitad ahora y la otra mitad cuando esté todo listo.
- ¿De quién se trata?
- Hernán Valdés - contestó mientras le daba una tarjeta y un fajo de billetes.- Estará esperándome en la dirección que pone aquí, hemos quedado dentro de cuarenta y cinco minutos. Es un sótano que está debajo de un polígono industrial.
- ¿Alguien sabe que ha quedado con él? - Enrique siguió con su interrogatorio.
- No, nadie lo sabe - aseguró.- No dejes ninguna pista y haz que su móvil quede inservible.
- Eso está hecho. Puede confiar en mí, el trabajo será impecable.
Ajena a todo, Micaela pasaba una buena tarde acompañada de su nueva amiga en casa de esta última. El dormitorio de Adriana era tricolor: combinaba a la perfección el blanco, el turquesa oscuro y el marrón. Los colores y la música que salía de los dos altavoces que estaban en la radio aportaban armonía a la habitación.
Adriana tenía diecisiete años, al igual que Micaela. Tenía el cabello castaño claro, casi rubio, y los ojos muy oscuros. Era una chica alegre, simpática, sociable aunque también de mucho carácter y con una personalidad cabalmente definida.
- Estoy loca por él, Adriana... Llevamos sólo una semana juntos y no hace ni un mes y medio que lo conozco, pero juraría que estoy enamorada - afirmó Micaela, aunque no con mucha seguridad.
- ¿Acaso importa el tiempo? ¡Vamos, tía! Se puede querer más en un día que en dos años. Cuando el amor llega, llega y punto, no tiene ninguna otra explicación - dijo Adriana dejando de rebuscar entre sus cintas de cassette y mirando a Micaela.- No hace falta siquiera que te preguntes si estás enamorada o no, con sentirlo, vivirlo y ser feliz con lo que ves que Saúl hace en ti, es más que suficiente.
- Pero necesito saberlo, necesito saber lo que está pasando dentro de mí. Yo nunca he estado enamorada antes, ¿sabes? No sé lo que es eso, no sé lo que es sentir escalofríos cuando un chico me toca ni vibrar cuando me besa. Es la primera vez que me está ocurriendo todo esto... - confesó Micaela avergonzada.- Y soy feliz. Soy tan feliz... Cuando lo vi el primer día pensé que era un imbécil, que era un pesado que quería quitarme de encima lo antes posible, pero no te haces una día de lo maravilloso que es.
- Yo es que odio el amor - soltó de repente Adriana.- Desde que mi padre se fue a Tailandia con la vecina de arriba y tuve que soportar a mi madre haciendo maratones de comedias románticas de los años noventa rodeada de chocolate y llorando, he dejado de creer en esas gilipolleces.
- Ya verás que te enamorarás algún día y cuando me lo cuentes, te recordaré lo que me acabas de decir y te diré el típico "te lo dije" - rió Micaela.- Verás la capacidad que tiene el estar enamorada para hacerte feliz.
- ¡Ah, no, no, no y no! ¡Eres una romántica de poca monta! ¡No sé como he podido hacerme tu amiga! - exclamó Adriana enfurruñada. Micaela soltó una sonora carcajada.- ¡Es verdad! Yo sólo seré feliz cuando me gradúe como agente de policía.
- Y cuando te enamores - añadió Adriana.
- ¡Qué te den! - gritó Adriana tirándole un cojín a la cara.
Micaela se adueñó del cojín y Adriana cogió otro. Ambas empezaron a golpearse la una a la otra con ellos mientras reían y saltaban en la cama al ritmo de la música.
Habían pasado cuarenta minutos desde que Beatriz había ordenado la muerte de Hernán. Beatriz llegó a su casa y mandó un mensaje a un misterioso personaje dándole las gracias por la recomendación. Éste le pidió, parecía ser que por segunda vez, que le contara qué estaba pasando. Beatriz no contestó. Se sentó en la mecedora que había en el salón y se llevó las manos a la cara, asustada por lo que acababa de hacer, a pesar de que era necesario.
Enrique llegó al polígono industrial que había en la dirección que Beatriz le proporcionó. Cuarenta minutos le habían bastado para investigar el lugar y saber que era un recinto abandonado, sin vigilancia y sin nadie alrededor. Sólo estarían allí él y su víctima. Enrique aparcó frente a la entrada y salió del coche. Todo estaba sucio, lleno de polvo y de hojas caídas desde los árboles. Llevaba una pistola de mediano tamaño entre la camisa y el pantalón. Su arma siempre venía acompañada de un silenciador.
Entró en el edificio con cautela, haciendo uso de su memoria fotográfica para recordar el plano del sitio y buscar el sótano donde Hernán estaba esperando a Beatriz. Avanzó sin dudar, pero despacio, hasta llegar a una escalinata que llevaba a su destino. Las bajó mientras sacaba la pistola y se preparaba para disparar en cualquier momento. Al entrar, se llevó una gran sorpresa, ya que no había nadie. En ese momento, recibió un fuerte golpe en la nuca con una pala de cavar que lo dejó tirado en el suelo inconsciente.
Beatriz no paraba de mirar el reloj inquieta. Ya había transcurrido demasiado tiempo y la espera estaba matándola por dentro. Necesitaba recibir la llamada de Enrique para decirle que todo había acabado. De pronto, sonó el teléfono de la casa. Beatriz sonrió, aliviada, y corrió hacia el teléfono para cogerlo, pero luego cayó en que la llamada de Enrique sería a su móvil, no allí.
- Hola, cariño - la voz de Hernán dejó petrifica a Beatriz, que no entendía absolutamente nada.- ¿Sorprendida de escucharme? Mira, tengo aquí a alguien conmigo que quiere saludarte.
- ¡Socorro! ¡Ayuda! - la voz de Enrique pidiendo auxilio atemorizó más aún a la desgraciada mujer. Se escuchó un disparo y un grito desgarrador.- ¡Mierda, joder! ¡Mi pierna! ¡Mi otra pierna! ¡Joder!
Enrique estaba llorando como un bebé. Su imagen de hombre valiente y fuerte había dejado de existir. Estaba atado a una silla con gruesas cuerdas, con la cara llena de sangre, la nariz rota y un agujero de bala en cada pierna. La respiración de Beatriz se aceleró repentinamente, estaba a punto de romper a llorar de desesperación.
- Te dí una oportunidad, Beatriz... ¡Una jodida y puta oportunidad que te has pasado por el forro! - vociferó Hernán furioso. Entonces, se relajó y comenzó a hablar más pausadamente.- Te voy a dar la última. Vas a cumplir con nuestra cita, aunque llegues tarde y vas a venir aquí ahora mismo. No vas a llamar a nadie ni vas a volver a intentar ningún truco.
- Hernán, por favor... - rogó Beatriz tartamudeando.- Déjanos vivir en paz.
- ¡Cierra la puñetera boca, joder! ¡Ven aquí ya! ¡Ahora mismo! - berreó Hernán colérico.- Dios, eres idiota, no sé cómo he podido aguantarte todos estos años siendo tu amante... ¡Eres una completa inútil!
Otro disparo. El impacto de la bala entre ceja y ceja de Enrique apagó sus gritos y lamentos. Tras acabar con él, Hernán colgó el teléfono. Beatriz, a toda prisa, cogió su bolso y corrió a la puerta. Lo que Beatriz menos se imaginaba es que un Santiago decepcionado y desengañado estaba con la oreja pegada al otro teléfono de la casa y había oído todo. Éste, aunque no entendió nada, se aprestó a perseguir a su esposa.
La pelirroja caminaba con la mirada perdida, sin fijarse en nada de su alrededor. Incluso chocó con un niño pequeño que iba montado en un patinete, aunque ninguno de los dos cayeron al suelo. El niño se alejó riéndose tan feliz como antes del encontronazo, y Beatriz continuó su camino, pensando en lo que sintió cuando Hernán le puso una pistola en el estómago. Nunca se habría imaginado que era así.
Llegó a un callejón amplio y largo, de unos cincuenta metros de longitud. Eso le parecía poco, se recorría cada mañana ese espacio para ir al estanco. Al fondo, allí estaba, un chico de unos treinta años, rubio, alto, robusto. Era como un Hércules moderno y completamente mortal. Beatriz se puso aún más nerviosa al verlo y siguió andando hacia él.
- ¿Beatriz Rojas? - preguntó el chico con seriedad. Ella asintió, sin decir palabra. El chico le cedió su mano y Beatriz se la estrechó.- Relájese, supongo que mi amigo le habrá dicho que soy de fiar.
- Sí, me ha contado todo sobre ti - respondió Beatriz.- Me ha dicho que eres eficaz, confiable y honesto.
- Así soy yo, me ha definido a la perfección - el chico sonrió.- Me llamo Enrique. Bueno, ese es mi nombre a la hora de hacer estos negocios.
- Necesito que lo hagas esta misma tarde, en cuanto terminemos esta conversación. Es muy urgente que este asunto quede cerrado lo antes posible - declaró Beatriz metiendo la mano en su bolso.- Te pagaré la mitad ahora y la otra mitad cuando esté todo listo.
- ¿De quién se trata?
- Hernán Valdés - contestó mientras le daba una tarjeta y un fajo de billetes.- Estará esperándome en la dirección que pone aquí, hemos quedado dentro de cuarenta y cinco minutos. Es un sótano que está debajo de un polígono industrial.
- ¿Alguien sabe que ha quedado con él? - Enrique siguió con su interrogatorio.
- No, nadie lo sabe - aseguró.- No dejes ninguna pista y haz que su móvil quede inservible.
- Eso está hecho. Puede confiar en mí, el trabajo será impecable.
Ajena a todo, Micaela pasaba una buena tarde acompañada de su nueva amiga en casa de esta última. El dormitorio de Adriana era tricolor: combinaba a la perfección el blanco, el turquesa oscuro y el marrón. Los colores y la música que salía de los dos altavoces que estaban en la radio aportaban armonía a la habitación.
Adriana tenía diecisiete años, al igual que Micaela. Tenía el cabello castaño claro, casi rubio, y los ojos muy oscuros. Era una chica alegre, simpática, sociable aunque también de mucho carácter y con una personalidad cabalmente definida.
- Estoy loca por él, Adriana... Llevamos sólo una semana juntos y no hace ni un mes y medio que lo conozco, pero juraría que estoy enamorada - afirmó Micaela, aunque no con mucha seguridad.
- ¿Acaso importa el tiempo? ¡Vamos, tía! Se puede querer más en un día que en dos años. Cuando el amor llega, llega y punto, no tiene ninguna otra explicación - dijo Adriana dejando de rebuscar entre sus cintas de cassette y mirando a Micaela.- No hace falta siquiera que te preguntes si estás enamorada o no, con sentirlo, vivirlo y ser feliz con lo que ves que Saúl hace en ti, es más que suficiente.
- Pero necesito saberlo, necesito saber lo que está pasando dentro de mí. Yo nunca he estado enamorada antes, ¿sabes? No sé lo que es eso, no sé lo que es sentir escalofríos cuando un chico me toca ni vibrar cuando me besa. Es la primera vez que me está ocurriendo todo esto... - confesó Micaela avergonzada.- Y soy feliz. Soy tan feliz... Cuando lo vi el primer día pensé que era un imbécil, que era un pesado que quería quitarme de encima lo antes posible, pero no te haces una día de lo maravilloso que es.
- Yo es que odio el amor - soltó de repente Adriana.- Desde que mi padre se fue a Tailandia con la vecina de arriba y tuve que soportar a mi madre haciendo maratones de comedias románticas de los años noventa rodeada de chocolate y llorando, he dejado de creer en esas gilipolleces.
- Ya verás que te enamorarás algún día y cuando me lo cuentes, te recordaré lo que me acabas de decir y te diré el típico "te lo dije" - rió Micaela.- Verás la capacidad que tiene el estar enamorada para hacerte feliz.
- ¡Ah, no, no, no y no! ¡Eres una romántica de poca monta! ¡No sé como he podido hacerme tu amiga! - exclamó Adriana enfurruñada. Micaela soltó una sonora carcajada.- ¡Es verdad! Yo sólo seré feliz cuando me gradúe como agente de policía.
- Y cuando te enamores - añadió Adriana.
- ¡Qué te den! - gritó Adriana tirándole un cojín a la cara.
Micaela se adueñó del cojín y Adriana cogió otro. Ambas empezaron a golpearse la una a la otra con ellos mientras reían y saltaban en la cama al ritmo de la música.
Habían pasado cuarenta minutos desde que Beatriz había ordenado la muerte de Hernán. Beatriz llegó a su casa y mandó un mensaje a un misterioso personaje dándole las gracias por la recomendación. Éste le pidió, parecía ser que por segunda vez, que le contara qué estaba pasando. Beatriz no contestó. Se sentó en la mecedora que había en el salón y se llevó las manos a la cara, asustada por lo que acababa de hacer, a pesar de que era necesario.
Enrique llegó al polígono industrial que había en la dirección que Beatriz le proporcionó. Cuarenta minutos le habían bastado para investigar el lugar y saber que era un recinto abandonado, sin vigilancia y sin nadie alrededor. Sólo estarían allí él y su víctima. Enrique aparcó frente a la entrada y salió del coche. Todo estaba sucio, lleno de polvo y de hojas caídas desde los árboles. Llevaba una pistola de mediano tamaño entre la camisa y el pantalón. Su arma siempre venía acompañada de un silenciador.
Entró en el edificio con cautela, haciendo uso de su memoria fotográfica para recordar el plano del sitio y buscar el sótano donde Hernán estaba esperando a Beatriz. Avanzó sin dudar, pero despacio, hasta llegar a una escalinata que llevaba a su destino. Las bajó mientras sacaba la pistola y se preparaba para disparar en cualquier momento. Al entrar, se llevó una gran sorpresa, ya que no había nadie. En ese momento, recibió un fuerte golpe en la nuca con una pala de cavar que lo dejó tirado en el suelo inconsciente.
Beatriz no paraba de mirar el reloj inquieta. Ya había transcurrido demasiado tiempo y la espera estaba matándola por dentro. Necesitaba recibir la llamada de Enrique para decirle que todo había acabado. De pronto, sonó el teléfono de la casa. Beatriz sonrió, aliviada, y corrió hacia el teléfono para cogerlo, pero luego cayó en que la llamada de Enrique sería a su móvil, no allí.
- Hola, cariño - la voz de Hernán dejó petrifica a Beatriz, que no entendía absolutamente nada.- ¿Sorprendida de escucharme? Mira, tengo aquí a alguien conmigo que quiere saludarte.
- ¡Socorro! ¡Ayuda! - la voz de Enrique pidiendo auxilio atemorizó más aún a la desgraciada mujer. Se escuchó un disparo y un grito desgarrador.- ¡Mierda, joder! ¡Mi pierna! ¡Mi otra pierna! ¡Joder!
Enrique estaba llorando como un bebé. Su imagen de hombre valiente y fuerte había dejado de existir. Estaba atado a una silla con gruesas cuerdas, con la cara llena de sangre, la nariz rota y un agujero de bala en cada pierna. La respiración de Beatriz se aceleró repentinamente, estaba a punto de romper a llorar de desesperación.
- Te dí una oportunidad, Beatriz... ¡Una jodida y puta oportunidad que te has pasado por el forro! - vociferó Hernán furioso. Entonces, se relajó y comenzó a hablar más pausadamente.- Te voy a dar la última. Vas a cumplir con nuestra cita, aunque llegues tarde y vas a venir aquí ahora mismo. No vas a llamar a nadie ni vas a volver a intentar ningún truco.
- Hernán, por favor... - rogó Beatriz tartamudeando.- Déjanos vivir en paz.
- ¡Cierra la puñetera boca, joder! ¡Ven aquí ya! ¡Ahora mismo! - berreó Hernán colérico.- Dios, eres idiota, no sé cómo he podido aguantarte todos estos años siendo tu amante... ¡Eres una completa inútil!
Otro disparo. El impacto de la bala entre ceja y ceja de Enrique apagó sus gritos y lamentos. Tras acabar con él, Hernán colgó el teléfono. Beatriz, a toda prisa, cogió su bolso y corrió a la puerta. Lo que Beatriz menos se imaginaba es que un Santiago decepcionado y desengañado estaba con la oreja pegada al otro teléfono de la casa y había oído todo. Éste, aunque no entendió nada, se aprestó a perseguir a su esposa.
martes, 5 de noviembre de 2013
Enrique
Enrique será un personaje que realizará una participación especial en esta historia y tendrá mucho que ver en la decisión final de Beatriz sobre si dejar que Hernán se lleve a su hija o permitir que este mismo acabe con sus seres queridos.
Canción Micaela y Saúl
Como toda buena historia, una canción especial es importante para ambientarla.
La historia de Micaela y Saúl es una historia de amor a primera vista, que acabó por consolidarse y convertirse en un gran amor. Sin embargo, la pareja estará marcada por el dolor y la tragedia.
La historia de Micaela y Saúl es una historia de amor a primera vista, que acabó por consolidarse y convertirse en un gran amor. Sin embargo, la pareja estará marcada por el dolor y la tragedia.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Capítulo 2.
Estaba entre sus brazos. Ambos se movían frenéticamente, sus cuerpos se resbalaban uno con otro lubricados por el sudor que les producía aquel ataque frenético de pasión. Hernán la sujetaba con fuerza y manejaba su cuerpo a su antojo. Ella disfrutaba, suspiraba de placer, entusiasmándolo a él, que comprobaba que, una vez más, la dejaba satisfecha después de llegar a la cima. Hernán encendió un cigarrillo y le ofreció otro a ella. Su acompañante lo rechazó y se lo agradeció con un beso mientras colocaba la mano en su tupido torso.
- Me tienes loco, Beatriz - aseguró Hernán.- Estoy completamente loco por tu boca, por tu piel, por tus pechos, por tus manos... Haría cualquier cosa por tenerte en mi cama a todas horas cada día.
- Ya falta menos para que eso sea posible, mi amor - la pelirroja dibujaba círculos leves con la yema de su dedo índice en su busto mientras hablaba.- Está todo planeado para que salga a la perfección.
- ¿Qué crees que hará Micaela? - preguntó Hernán intrigado.
- No hay otra forma de traernos a Micaela con nosotros que engañándola - afirmó Beatriz.- Ella adora a Santiago y cuando sepa lo que hay entre tú y yo, me odiará y querrá quedarse con él. No quiero perder a mi hija, Hernán. Ella es mi vida.
- Pensaba que yo era tu vida... - dijo Hernán algo molesto.
- Son amores distintos, cariño. El amor de una madre es incomparable, no se puede relacionar con ninguna otra cosa - sus ojos se llenaron de un brillo especial que dejaba ver lo que significaba Micaela para ella.- No podría vivir sin ella.
Hernán se incoporó y acudió a la cómoda, abriendo el primer cajón. De él, sacó tres billetes de avión dirigidos a California. Hernán sonrió maliciosamente creyendo que su amante no lo veía, pero su imagen quedaba reflejada en el espejo. Beatriz quedó extrañada por aquella expresión.
- ¿Hernán? Te noto raro...
- Raro no, feliz, mi amor, muy feliz. Después de tantos años viéndonos a escondidas en esta habitación de mala muerte, después de hacer todo en secreto, clandestinamente... Vamos a escaparnos juntos y con tu hija, que sabes que la quiero como si yo fuera su propio padre - garantizó Hernán aparentemente emocionado.- Ojalá lo fuera yo...
- No quiero hablar de eso - replicó Beatriz molesta.- Sabes que no me gusta hablar sobre el padre de mi hija, te lo he dicho cientos de veces. Sabes que me jode y tú sigues sacando el tema sin más.
- No iba a hablar de él, sólo estaba diciendo que yo debería ser el padre de esa niña tan hermosa que se parece tanto a ti - se acerca a ella y la besa dulcemente, relajándola.- Sólo una semana y el pasado quedará atrás... Ahora tú y Micaela seréis mi futuro.
- ¿Y Alberto? - preguntó Beatriz.
- Seguirá en Inglaterra hasta que finalice Bachillerato, después será mayor de edad y libre de hacer lo que quiera con su vida - contestó Hernán, besándola de nuevo.- Quiero hacerte el amor otra vez, nunca me canso de acostarme contigo y de hacerte mía.
- Sabes que mi cuerpo te pertenece y puedes hacer con él todo lo que quieras. Siempre has sido mi dueño y siempre lo serás.
Acto seguido, comenzaron a besarse otra vez, dando paso a la lujuria y al deseo que los acompañaba. Aquella habitación con poco adorno pero cálida y acogedora, se tornó aún más ardiente y caldeada cuando los dos inquilinos que estaban dentro de ella volvieron a bailar al son del sexo y el amor.
***************
- Me tienes loco, Beatriz - aseguró Hernán.- Estoy completamente loco por tu boca, por tu piel, por tus pechos, por tus manos... Haría cualquier cosa por tenerte en mi cama a todas horas cada día.
- Ya falta menos para que eso sea posible, mi amor - la pelirroja dibujaba círculos leves con la yema de su dedo índice en su busto mientras hablaba.- Está todo planeado para que salga a la perfección.
- ¿Qué crees que hará Micaela? - preguntó Hernán intrigado.
- No hay otra forma de traernos a Micaela con nosotros que engañándola - afirmó Beatriz.- Ella adora a Santiago y cuando sepa lo que hay entre tú y yo, me odiará y querrá quedarse con él. No quiero perder a mi hija, Hernán. Ella es mi vida.
- Pensaba que yo era tu vida... - dijo Hernán algo molesto.
- Son amores distintos, cariño. El amor de una madre es incomparable, no se puede relacionar con ninguna otra cosa - sus ojos se llenaron de un brillo especial que dejaba ver lo que significaba Micaela para ella.- No podría vivir sin ella.
Hernán se incoporó y acudió a la cómoda, abriendo el primer cajón. De él, sacó tres billetes de avión dirigidos a California. Hernán sonrió maliciosamente creyendo que su amante no lo veía, pero su imagen quedaba reflejada en el espejo. Beatriz quedó extrañada por aquella expresión.
- ¿Hernán? Te noto raro...
- Raro no, feliz, mi amor, muy feliz. Después de tantos años viéndonos a escondidas en esta habitación de mala muerte, después de hacer todo en secreto, clandestinamente... Vamos a escaparnos juntos y con tu hija, que sabes que la quiero como si yo fuera su propio padre - garantizó Hernán aparentemente emocionado.- Ojalá lo fuera yo...
- No quiero hablar de eso - replicó Beatriz molesta.- Sabes que no me gusta hablar sobre el padre de mi hija, te lo he dicho cientos de veces. Sabes que me jode y tú sigues sacando el tema sin más.
- No iba a hablar de él, sólo estaba diciendo que yo debería ser el padre de esa niña tan hermosa que se parece tanto a ti - se acerca a ella y la besa dulcemente, relajándola.- Sólo una semana y el pasado quedará atrás... Ahora tú y Micaela seréis mi futuro.
- ¿Y Alberto? - preguntó Beatriz.
- Seguirá en Inglaterra hasta que finalice Bachillerato, después será mayor de edad y libre de hacer lo que quiera con su vida - contestó Hernán, besándola de nuevo.- Quiero hacerte el amor otra vez, nunca me canso de acostarme contigo y de hacerte mía.
- Sabes que mi cuerpo te pertenece y puedes hacer con él todo lo que quieras. Siempre has sido mi dueño y siempre lo serás.
Acto seguido, comenzaron a besarse otra vez, dando paso a la lujuria y al deseo que los acompañaba. Aquella habitación con poco adorno pero cálida y acogedora, se tornó aún más ardiente y caldeada cuando los dos inquilinos que estaban dentro de ella volvieron a bailar al son del sexo y el amor.
Aquella noche de Octubre tenía cierto toque mágico del que Micaela y Saúl tomaron partido. Era luna llena, las estrellas brillaban en la alto y no había una sola nube. Madrid estaba en una de sus noches más preciosas del año. Saúl tenía un coche de segunda mano que consiguió fácilmente, una ganga. Era de color añil y las llantas estaban algo desgastadas y apenas lo usaba, pero esta era una ocasión especial.
Recogió a Micaela a las 22.00 horas en la puerta de su casa, era la primera vez que quedaban juntos. Saúl iba con unos vaqueros algo ajustados, un polo blanco con rayas grises y con pelo bien peinado, como siempre. Micaela iba también con vaqueros pero de color negro y una camiseta verde-manzana con una representación de la Torre Eiffel algo artística y original en el centro. Nada más sentarse en el asiento del copiloto, Saúl sacó una venda de la guantera del coche.
-¿Para qué se supone qué es esto? - preguntó Micaela confundida.
- Tú sólo ponte el cinturón, ponte la venda en los ojos, abre la ventanilla y déjate llevar - le pidió dulcemente Saúl recolocando un mechón de su cabello pelirrojo detrás de la oreja.- Disfruta del viaje y confía en mí.
Micaela sonrió con ternura e hizo todo lo que Saúl le pidió con gusto y con tranquilidad. Saúl la miraba de reojo mientras lo hacía con entusiasmo. Micaela sacó la mano por la ventanilla y notó el viento acariciando sus dedos mientras en la radio sonaba una canción que no había escuchado antes pero le encantaba.
- Ya hemos llegado - le dijo Saúl rompiendo el silencio que se produjo desde que él habló por última vez.
- ¿Puedo quitarme la venda ya? - preguntó Micaela divertida.
- ¡No, no! - rió Saúl aparcando el coche.- Quítate sólo el cinturón y espera a que te ayude a bajar del coche. No te la quites hasta que yo te lo diga, por favor.
Saúl salió del coche, abrió la puerta de Micaela y la agarró de la mano. Micaela se incorporó lentamente y salió. Se encontraban en un descampado rodeado de luciérnagas, donde se veían millones de estrellas más que en la ciudad y la Luna parecía estar a metros. Saúl se colocó tras ella y le quitó la venda lentamente. Micaela miró a su alrededor alucinada.
- Es precioso... - dijo con la voz entrecortada.
- No tanto como tú, pelirroja - afirmó Saúl abrazándola por la cintura desde detrás.- Te he traído aquí para que veas las estrellas y las cuentes.
- ¿Contarlas? - Micaela rió ya que no sabía a que venía semejante sinsentido.- ¿Para qué quieres que cuente las estrellas?
- Es la única forma que tienes que saber todos los besos que te quiero dar, los detalles que quiero tener contigo, los años que me gustaría pasar junto a ti y las veces que te haría el amor en cualquier rincón del mundo.
Micaela respiró profundamente mientras se daba la vuelta tranquilamente y besó a Saúl. Era la primera vez que lo hacía ella. Siempre era el apuesto chico el que la besaba en el momento más inesperado pero, esta vez, fue ella la que sintió la necesidad de sentir que eran uno solo.
- ¿Sabes que es la primera vez que siento algo así por alguien en toda mi vida? Necesito verte cerca cada día, necesito abrazarte y tenerte pegadita a mí y recordarte a cada momento lo perfecta y fantástica que eres. Te necesito, Micaela, y sé que somos jóvenes, que estas cosas no suelen durar y que no vamos a casarnos ni a formar una familia ni nada eso, pero también sé que ahora mismo quiero que estés en mi día a día, que hace tres semanas que te conocí y no he dejado de pensar en ti ni un sólo segundo - le confesó Saúl.- ¿Quieres salir conmigo formalmente?
Los ojos de Micaela se tornaron casi tan brillantes como el que desprendían las estrellas. Intentó hablar pero ni siquiera su boca era capaz de abrirse. Asintió con la cabeza con una media sonrisa y Saúl le dio un largo beso en mitad del corrillo de luciérnagas.
Habían pasado seis días desde aquella fascinante noche estrellada. Nadie se imaginaba que un día más tarde, todo cambiaría para siempre. Micaela y Saúl cenaban relajadamente en una pizzería mientras Santiago recorría la Gran Vía y Callao en coche dirigiéndose hacia la que se convirtió en su nueva casa hace casi un mes. En los asientos traseros, se podía observar una caja de bombones y un ramo de doce rosas, seis de ellas rojas y las otras seis de color lavanda, con una tarjeta que Santiago había comprado hace apenas unos minutos, cuando salió de la empresa en la que él y Hernán trabajaban juntos.
Cuando Santiago entró en su casa, se encontró con Beatriz sentada en el sofá tomando un té verde y viendo un programa en la televisión. Beatriz vio a su esposo acercarse lentamente con el ramo de rosas en la mano hacia ella. Una pequeña y delicada sonrisa fue delineada en su juvenil rostro, una sonrisa que fue apagándose a medida que Santiago empezó a hablar, una sonrisa borrada por los remordimientos y la culpabilidad.
- ¿Sabes? Cuando estaba en el trabajo empecé a buscar el significado de las flores más conocidas y cuando leí lo que significaban las rosas rojas y las de color lavanda quise comprarte algunas - relató Santiago poniéndose de frente.- Las rojas te las doy porque que te amo, por el amor tan profundo que siento hacia ti, Beatriz, y las lavanda porque ese amor está en mí desde el primer día en que te vi, porque lo que pasó entre tú y yo fue amor a primera vista.
Santiago estiró las manos, cediéndole el ramo a Beatriz, que tenía la cara cubierta de lágrimas. Cogió el ramo y olió las rosas. Al tenerlo más cerca, vio en el centro, algo escondidos, un crisantemo de color negro. Beatriz lo observó y miró a Santiago. Este entendió que su esposa quería saber el significado del crisantemo.
- Simboliza la lealtad, la verdad... Es el eje, foco, núcleo o como quieras llamarlo de una relación. Y está ahí para demostrarte que el pasado está olvidado, que lo he dejado atrás y que ahora sólo me importa pasar el resto de mis días contigo.
El dolor que invadió a Beatriz en ese instante era incomparable. Se sentía tan mal como nunca antes lo había hecho. Se levantó y abrazo a Santiago con fuerza llorando a cántaros.
- Perdóname, por favor, perdóname - le suplicó Beatriz sollozando.
- No tengo nada que perdonarte, mi vida. Ya te he dicho que no me importa el pasado, sólo quiero un futuro así, abrazado a ti. Te quiero, Beatriz.
Unas horas más tarde, Beatriz esperó a que Micaela llegara a casa y a que Santiago cayera dormido para levantarse y ponerse una bata de piel que abrigaba lo necesario. En sigilo y en extremo silencio, salió de la casa y bajó las escaleras hasta llegar a la puerta de la calle. Allí, fumándose un cigarro, la esperaba Hernán.
- ¿Tan importante es de lo que querías hablar como para hacerme venir aquí a altas horas de la madrugada? - preguntó Hernán preocupado.- Me tienes en ascuas, Beatriz.
- Hernán, necesitaba hablar contigo... - dijo ella vacilante.- Quiero que cancelemos nuestro plan.
- ¡¿Cómo?! ¿¡Te has vuelto loca?! - exclamó Hernán furioso. Su rostro se volvió totalmente distinto al que Beatriz había contemplado durante años. Hernán la agarró del brazo con fuerza, hundiendo sus dedos en la carne de ella.- ¡¿Te crees que esto es un puto juego o qué?! ¡Dime! ¡¿Te crees que esto es un puñetero y jodido juego en el que puedes hacer lo que te dé la gana?!
- Hernán, no grites, por favor, no hagas un escándalo y suéltame el brazo, hablemos esto tranquilamente - le rogó Beatriz tiritando de miedo.
Hernán sacó una pistola del bolsillo y apuntó a Beatriz directamente al estómago. El horror se apoderó de ella. Un cúmulo de sentimientos compuesto, entre otros, por el miedo, la decepción y la sorpresa la dominaba mientras Hernán la hacía entrar en el portal empujándola con la pistola completamente pegada a ella. Beatriz comenzó marearse, su piel estaba emblanquecida y tenía muchísimo frío a pesar de estar bien abrigada.
- Hernán, ¿qué estás haciendo? - preguntó Beatriz tartamudeando.
- ¿Crees que te quiero? ¿Crees que con quien quiero irme es contigo? ¿Crees que todo esto lo hago por ti, por nosotros? Pues déjame decirte, mi amor, que si te crees eso eres una completa imbécil - reveló Hernán. Beatriz cada vez estaba más dolida y sorprendida.- Estoy loco por Micaela desde que tenía cuatro años, desde que jugaba con Alberto en el jardín. ¡Estoy loco por ella! ¡¿Entiendes?! ¡Loco!
Beatriz abrió los ojos de par en par y, cegada por la cólera y el amor que se convirtió en repugnancia hacia Hernán, comenzó a gritar mientras intentaba quitarle la pistola, comenzando un forcejeo por ella.
- ¡Claro que estás loco, hijo de puta! ¡Eres un enfermo! - Beatriz estaba terriblemente furiosa por lo que acababa de admitirle Hernán, estaba realmente lastimada.- ¡¿Qué le has hecho a mi hija, cabrón?! ¡¿Qué le has hecho?!
Hernán consiguió quitarle la pistola a Beatriz y la empujó, tirándola al suelo. Desde abajo, Beatriz lo miraba como si tuviera ganas de matarlo.
- Aún no le he hecho nada, pero está en tu mano que eso siga así... - dijo Hernán apuntándola de nuevo con la pistola, esta vez a la cabeza.- Levántate.
Beatriz le hizo caso y se incorporó poco a poco, intentando reprimir sus ganas de despedazarlo entre lágrimas.
- Micaela, tú y yo saldremos de aquí mañana a la hora acordada. Te pagaré una mensualidad para que puedas mantenerte viviendo donde tú quieras, tu marido será el único dueño de "Valdés y Rojas" aquí en Madrid y Micaela se quedará conmigo - afirmó Hernán muy seguro de sí mismo.- Si intentas algo en contra de mí, si me delatas, si tratas de hacer que mi plan salga mal, Micaela, Santiago y tú moriréis de la peor forma que te puedes imaginar.
Sonrió. Aquella sonrisa que hacía feliz a Beatriz se convirtió en una pesadilla para ella. Mañana era el día, mañana era el día en el que debía tomar una decisión, pensar algo, dejar a su familia a salvo... Y sólo se le ocurría una. Tras un beso forzoso que le hizo sentir asco, Hernán volvió a su coche y se marchó. Beatriz, cada vez más derrotada y hundida, se dejó caer en el suelo y comenzó a derramar lágrimas sin descanso.
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